LA AUTOCONFIANZA EN EL ENTRENAMIENTO Y LA COMPETICIÓN EN EL JUGADOR DE GOLF

La autoconfianza hace referencia a una percepción de control de la situación muy acusada por parte del jugador ya que conoce cuales son sus recursos y limitaciones, y también, que posibilidades tiene de superar en una determinada medida tales limitaciones. Por lo tanto, la auto-confianza no es creer en nuestras capacidades más allá de sus posibilidades reales, es una convicción objetiva de que tenemos los recursos suficientes para vencer y para superar los errores que inevitablemente van a aparecer.

En multitud de situaciones el concepto de autoconfianza se utiliza de forma equivocada en el deporte. Hay jugadores que simplemente manifiestan “hoy voy a realizar el mejor juego del torneo”, “estoy seguro de ganar a cualquiera” y otras afirmaciones sin visos de realidad. Se suelen hacer con un objetivo meramente publicitario (“el juego de mañana será espectacular”) o para intimidar al contrario (“siento que haré mi mejor recorrido”) y en muchas ocasiones están sostenidas en un análisis objetivo de la situación pero también en otras muchas, son simples deseos o corazonadas que esconden preocupación y desconfianza en su juego. A estas manifestaciones de confianza, sin argumentación objetiva, se le denomina “falsa auto-confianza” y son actitudes que en principio alivian la preocupación ante una competición o ante un juego, pero que los resultados reales acaban de echar por tierra y debilitar aún más si cabe la auto-confianza.

Otra forma equivocada de potenciar la autoconfianza es la interpretación que se hace de la actitud de “pensar positivo”. Es cierto que pensar positivo suele ser beneficioso para afrontar las demandas deportivas y para obtener un buen rendimiento. Pero esto sólo ocurre cuando esta enmarcado en situaciones realistas y no en “castillos en el aire”. Frases del tipo “eres mejor que él”, “si no crees que vas a ganar serás un perdedor y no podrás ganar”, “si quieres ganar tienes que creértelo”; o consejos como “piensa que puedes hacerlo”, “repite una y otra vez: puedo hacerlo, puedo hacerlo...” pueden ser efectivas si las capacidades técnicas y físicas son reales. Pensar positivo es una buena estrategía pero debe tener bases reales de rendimiento, de lo contrario caeremos en un circulo que cada vez nos hará retroceder un paso más en nuestro autoconcepto cuando veamos que no funcionamos como pensamos.

La autoconfianza es un factor fundamental para el rendimiento en el entrenamiento y en la competición. De forma general, un bajo nivel de auto-confianza provoca la presencia de una activación negativa, que está relacionada con el estrés (la activación negativa hace referencia a diversas situaciones como miedo al fracaso, a las consecuencias de éste y a la evaluación de los demás, a la incertidumbre sobre el resultado de la competición o las dudas sobre el propio rendimiento; y con la insatisfacción y la frustración respecto con lo que sucede en el entrenamiento y la competición). Por el contrario, un nivel alto de auto-confianza provoca una activación positiva (motivación por el reto de la competición, por el éxito, por sus consecuencias y por las sensaciones positivas que acompañan a la realización de la actividad deportiva).

Cuando un jugador de golf entrena con confianza se encuentra en una disposición inmejorable para aceptar retos realistas con la convicción de que podrá afrontarlos con eficacia. Si su auto-confianza es baja, tenderá a evitar o huir de estos retos porque serán una amenaza para él pues considerará que no posee los recursos necesarios para afrontarlos (tendrá miedo a no conseguir los objetivos del entrenamiento, a las consecuencias que esto puede tener, a que los compañeros que entrenan reconozcan estos defectos del juego, a perder el prestigio adquirido...). Pero además, se puede dar el caso de que la auto-confianza sea excesiva. Un golfista puede considerar que posee los recursos suficientes para afrontar una determinada competición y “bajar la guardia” en su preparación (entrenando menos, descuidando su swing o su juego corto, no cuidándose, etc.).

En la competición, la autoconfianza debe estar presente en los días previos y mantenerse a lo largo de la misma hasta su finalización, siendo determinante cuando surgen errores o dificultades. Por lo tanto, la auto-confianza marcará en gran medida el rendimiento en la competición. La autoconfianza elevada permite controlar la incertidumbre de la competición que suele aparecer los días previos y previene las consecuencias negativas de un estrés pre-competitivo. En los primeros instantes de la competición la auto-confianza ayudará a que el deportista compita con un elevado control de la situación (si un golfista empieza golpeando mal la bola en el tee, al tener una autoconfianza alta le permitirá seguir desarrollando el juego confiado y no pasar a preocuparse de si es “su día” o a sentirse nervioso e inseguro”). En el transcurso de la misma le ayudará a afrontar aquellas situaciones difíciles de la competición con mayor control (situaciones de presión al patear en el tee de salida, al tener fallos inesperados, a la forma de juego de los contrarios). Todo lo contrario ocurre cuando el nivel de autoconfianza es bajo. Al igual que en el entrenamiento, el rendimiento tanto en los días previos (el estrés pre-competitivo afectará de forma negativa al golfista pues la competición será un a situación amenazante para él) como en la competición (perderá el control en los momentos iniciales, dependiendo de su rendimiento inicial así se desarrollará su juego posterior y no controlará de la misma manera las situaciones difíciles de la competición) se verá afectado de manera negativa. También el exceso de autoconfianza tiene repercusiones negativas en el rendimiento en la competición ya que propicia un estado de relajación antes y durante la competición. Este estado en los días y momentos previos hará que el jugador no ultime la preparación, ni llegue en las condiciones adecuadas para conseguir los objetivos propuestos para la misma (un golfista ante una partida fácil, puede descuidar las “rutinas” de preparación previas a la competición y empezar jugando con un grado muy alto de confianza, hasta el punto que a pesar de golpear mal sigue insistiendo en el juego que esta realizando, porque no ve sus errores, reduciendo su nivel de activación y atención, obteniendo –consecuentemente- malos resultados).

En definitiva, la autoconfianza junto a la motivación, es una variable fundamental para el rendimiento en entrenamientos y en competición. Tan importante llega a ser, que puede afectar de forma negativa a la motivación del deportista, transformando la motivación inicial en estrés e incluso reducir o eliminar el interés del deportista por la actividad que realiza. Los deportistas de alto nivel se caracterizan por mantener un nivel alto de autoconfianza a pesar de las situaciones y resultados adversos que afectan a sus recursos.

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