Sobre la violencia

"Violencia es todo lo que viola el orden armonioso de las cosas comenzando por la mentira o violación de la verdad; el Abuso (legal o no) o violación de la justicia; la opresión violación de la libertad; el envilecimiento y la corrupción, violaciones de la naturaleza; la persecución (religiosa o ideológica), violación de la conciencia". Lanza de Vasto. (1984) La locura de Noe

"La guerra es simplemente una expresión externa de nuestro estado interno, una ampliación de nuestra acción de todos los días. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales". Krishnamurti, J. (2002) Sobre el conflicto

La violencia es en la mayoría de los casos el resultado de que factores aprendidos, culturales, en el sentido más amplio del término, alteren el equilibrio natural de la agresividad. Ese aprendizaje tiene lugar a lo largo de la historia personal del individuo y estará condicionado por múltiples factores. Algunos tendrán que ver con su vertiente social; otros con la familia en la que se inserta; otros con diferentes estructuras sociales y finalmente, habrá elementos relacionados con los prejuicios, las preconcepciones, la ideología, los principios, los valores, etc, que configuran la forma que se tiene de ver el mundo en un momento dado. El niño que observa cómo su padre o su madre se vale de la violencia para alcanzar sus objetivos, puede interiorizar la idea de que la violencia es un medio adecuado para lograr metas. Es muy posible que también la haga suya si sabe de acciones de fuerza que, socialmente, se estiman legítimas para responder a amenazas o al uso real de la violencia. Por eso es necesario esforzarse, social y racionalmente, en encontrar soluciones no violentas para los conflictos. Pero el niño también aprende de lo que observa en las pantallas. Este tipo de aprendizaje se llama “modelado simbólico”.

El tema del fenómeno violento es de gran interés en nuestros días. La televisión, la prensa y gran parte de la literatura se centran en dicho tema y se hacen eco de los grandes acontecimientos violentos que se generan en la sociedad actual. No dudamos que es necesario esta transmisión de información en muchos casos (Guerra contra Irak, los acontecimientos del 11-S etc.). Pero ¿no podría convertirse en un arma de doble filo?. Muchos autores apoyan la idea de que los medios de comunicación hacen un uso excesivo de los contenidos violentos para captar la atención de sus receptores (Clemente y Vidal, 1994). ¿Podría esta excesiva violencia ser un factor más para el aprendizaje de conductas violentas?.

La literatura también se ha hecho eco de esta cuestión, existen novelas y ensayos que tratan el tema de la violencia desde diferentes perspectivas teóricas. Entre ellas destacamos la novela de Paul Bouget (1889) El discípulo que refleja la influencia que determinadas teorías o pensamientos, pueden ejercer sobre los demás. Asimismo el ensayo de Luis Rojas Marcos Las semillas de la violencia ofrece una visión global del estudio de la violencia apoyando también la hipótesis de que los medios de comunicación describen la agresión como método predilecto de solucionar conflictos. Sin duda, no se podía dejar pasar, entre las obras que tratan el tema de la violencia el clásico de Dostoievski Crimen y Castigo publicada en 1866 que aborda este tema como método de avance para la sociedad y caracterizando a los violentos como propulsores de la sociedad. Por último, y centrándonos en el tema de la violencia en el deporte, es necesario comentar en este apartado la investigación periodística realizada por Antonio Salas (pseudónimo de un famoso periodista) que se infiltra en grupos skin y ultras para conocer sus ideologías y narrando de un modo apasionante su experiencia.

Bouget (1889) intenta trasmitir en su novela, cómo las teorías o ideales de una persona pueden influir en los comportamientos de otros, incluso llegando a cometer actos violentos. En su novela El discípulo escrita en 1889 relata la historia de un profesor, apóstol del positivismo materialista que recibe una citación para asistir como testigo al juicio contra un joven discípulo suyo acusado de haber envenenado a una joven, a la que amaba, por despecho amoroso. Sobre el profesor recae la sospecha de ser el responsable moral del comportamiento de su alumno. Bouget describe cómo el profesor Adrien Sixte se siente, en cierto momento de la narración, como responsable de la barbarie que presuntamente ha cometido su discípulo y lo relata así: “... un maestro está unido al alma que ha dirigido, aunque no haya querido esa dirección, aunque ese alma no haya interpretado bien la enseñanza, por una especie de lazo místico, y que no permite oponer a ciertas agonías morales el gesto indiferente de Poncio Pilatos.” (Pág. 205) y continúa “Cuando se estremeció por aquella enloquecedora angustia de los estragos producidos por su obra, el sabio era sobre todo la víctima de un pánico”. El profesor hace un repaso de las enseñanzas que le transmitió a su discípulo y intenta justificarse a sí mismo, “Aconsejar a ese hombre aceptarse a sí mismo, con todas las maldades de tal naturaleza, era hacerse cómplice de esa maldad. ¿Censurarle?¿En el nombre de qué principio lo hubiera hecho, después de haber profesado que la virtud y el vicio eran sumas, el bien y el mal, etiquetas sociales sin valor, puesto que todo es necesario en cada detalle de nuestro ser, como en el conjunto del universo? ¿Qué consejo darle además para su porvenir? (Pág.206). Esta magnífica obra inspiró a autores tan importantes como Nietzsche para su elaboración de la teoría del Superhombre, en Unamuno con su novela Amor y pedagogía, en Azorín con La voluntad o en Pío Baroja en su obra El árbol de la vida.

Rojas Marcos (1998) en su ensayo Las semillas de la violencia apoya la hipótesis de que los medios de comunicación dan pasto a la violencia con ráfagas continuas de estímulos que ensalzan la agresión, impulsan un falso romanticismo de conductas sociopáticas y celebran la agresión como método predilecto para solventar conflictos. Bastantes niños también aprenden a desinhibirse y comportarse agresivamente viendo e imitando a jóvenes y mayores que usan la violencia en su propio beneficio :”Como resultado, las diferencias entre fines y medios se borran, las fronteras entre el bien y el mal se difuminan, los controles externos o sociales así como los internos o personales se debilitan o se ignoran y las conductas psicopáticas se consideran respuestas normales o aceptables. Este es el medio idóneo para que el crimen florezca.” (Pág.103). En el texto se afirma que en 1989, un estudio demostró que el 72% de los personajes de la pequeña pantalla que representaban a individuos que sufrían problemas mentales, eran escenificados como agresivos y hostiles. Varias películas de gran éxito como Análisis final, Instinto básico o El silencio de los corderos, relacionan los desequilibrios psicológicos con la agresión brutal y dramatizan crudamente la identidad estigmatizada del enfermo mental de hoy. Estos estereotipos negativos crean enormes problemas para los que los sufren y para sus familiares. Por el contrario, las investigaciones más recientes sobre la relación entre la enfermedad mental y la violencia demuestran que la gran mayoría de los hombres y mujeres que sufren trastornos mentales graves no son personas agresivas. Sin embargo, un subgrupo minoritario de estos pacientes sí son más violentos que la población general. Varios estudios publicados en Norteamérica entre 1990 y 1994 demuestran que el 34% de los enfermos drogodependientes y el 12% de los que sufren de esquizofrenia tienen un historial de conductas agresivas. En este ensayo analiza las causas, manifestaciones y los medios para evitar la violencia actual. Su explicación de la violencia gira en torno a la hipótesis de que la agresión no es instintiva sino que se adquiere, se aprende. “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia. Estas simientes se nutren y crecen estimuladas por los ingredientes crueles del medio hasta llegar a formar una parte inseparable del carácter del adulto.” (Pág. 187). Explica que los seres humanos heredamos rasgos genéticos que influyen en nuestro carácter. Pero nuestros complejos comportamientos, desde el sadismo al altruismo, son el producto de un largo proceso evolutivo condicionado por las fuerzas sociales y la cultura. Se hace eco de las teorías innatistas que explican la violencia como una cualidad humana omnipresente e inevitable. Casi todos los modelos explicativos de este punto de vista comparten una idea mecanicista o “hidráulica” de la violencia: se trata de una energía innata acumulada en un “depósito interno”, probablemente en el cerebro, que se libera automáticamente. Entre estas explicaciones que atribuyen como causas de la violencia los factores individuales están las teorías biológicas que describen como causas de la violencia los daños cerebrales, algunos trastornos mentales y alteraciones del aprendizaje, que interfieren con la capacidad de autocontrol. También describe las teorías más psicoanalíticas que explican como causa de la violencia un problema del superyo, impidiendo que el sujeto tenga la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Desde el punto de vista de la personalidad, los individuos con rasgos paranoides, antisociales y narcisistas forman el grupo de riesgo más importante. Pero en su opinión, la experiencia que más nos predispone a recurrir a la fuerza despiadada para aliviar nuestras frustraciones es haber sido objeto o testigo de actos de agresión repetidamente durante la niñez. Son casi incontables los estudios que han demostrado que las criaturas que crecen entre abusos, humillaciones y crueldades, tienden a volverse emocionalmente insensibles a estos horrores. Con el tiempo optan por el camino de la agresión para solventar conflictos y una vez alcanzada la madurez, reproducen el ciclo de violencia maltratando a sus propios hijos. Para Rojas Marcos “el crimen florece allí donde reina el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades o existen marcadas desigualdades económicas. Especialmente fecundas para el cultivo de la delincuencia son las subculturas abrumadas por la pobreza, el desempleo, la discriminación, el alcoholismo, el fácil acceso a las armas, un sistema escolar ineficaz y una política penal deshumanizada y revanchista que ignora las medidas más básicas de rehabilitación.” (Pág.96). Las drogas ilegales son otro fertilizante ideal para el desarrollo del crimen, aunque no debemos olvidar que la sustancia que se asocia con mayor frecuencia a la violencia humana es el alcohol. De todas las teorías que se barajan sobre las causas de la violencia, ninguna ha recibido tanta atención ni ha ocasionado debates tan apasionados como la que se centra en la influencia de la estructura familiar en la formación del delincuente. Desde principios de siglo se ha expresado con creciente fervor moral la alarma de que las nuevas familias, cuya composición no se amolda a los patrones convencionales o las “familias rotas” por la separación, el divorcio o la muerte de uno de los padres, constituyen el medio más fecundo para el desarrollo de la personalidad antisocial o psicopática. El problema es que los defensores de estas hipótesis no suelen tener en cuenta la proporción mucho mayor de estos hogares “diferentes” que no producen criminales. En este ensayo, Rojas Marcos describe de un modo sencillo las teorías que pueden explicar la violencia desde diferentes perspectivas. Sin embargo, otros autores se centran en otros tipos de explicaciones de las causas de la violencia para narrar sus historias. Nos referimos a la novela clásica de Crimen y Castigo de Dostoievski (1866).

Dostoievski en 1866 publica una de sus magníficas obras claves titulada Crimen y Castigo. En esta obra se propone una visión de la naturaleza violenta e innata del ser humano como explicación de la violencia. Su protagonista, Raskólnikov, comete un asesinato violento y premeditado sobre una anciana prestamista y lo oculta y justifica durante el desarrollo de la novela atendiendo a diferentes razones. El protagonista anteriormente a su crimen ha escrito un artículo en el cual divide a los hombres en ordinarios y extraordinarios. Los hombres vulgares, para Raskólnikov, deben vivir en la obediencia y no tienen derecho a infringir las leyes, por el hecho mismo de ser vulgares. Pero los extraordinarios tienen derecho a cometer toda suerte de crímenes y a infringir de todas las maneras las leyes, por el hecho mismo de ser extraordinarios. El protagonista lo describe del modo siguiente: “...los individuos, por ley de Naturaleza, divídense , en términos generales , en dos grandes categorías: la inferior (la de los vulgares), es decir, si se me permite la frase, la material, únicamente provechosa para la procreación de semejantes, y aquella otra de los individuos que poseen el don o el talento de decir en su ambiente una palabra nueva...” y continúa “la segunda categoría la componen cuantos infringen las leyes, los destructores o propensos a serlo, a juzgar por sus facultades. Los crímenes de estos tales son, naturalmente relativos y muy diferentes; en su mayor parte exigen, según los más diversos métodos, la destrucción de lo presente en nombre de algo mejor” (Pág. 240).

En el libro de Antonio Salas, pseudónimo de un famoso periodista de investigación, relata su experiencia de infiltrado en grupos de skin y ultras. Su labor no es tan sólo de grabar y captar a estos grupos radicales, sino también construir una falsa identidad y una personalidad lo suficientemente convincente como para ganarse la confianza de sus iguales y vivir junto a ellos el día a día. Aporta datos interesantes sobre estos grupos y cómo se formaron (tanto el movimiento skin como los grupos ultras de fútbol españoles) que recopiló durante una larga investigación anterior a su infiltración (y durante ella) y narra conversaciones con los ultras que nos pueden ayudar a comprender cómo los propios componentes de estos grupos se describen a sí mismos y a sus ideologías. También presenta documentos de interés para comprender a la ideología ultra y skin, remitiéndonos a los libros Mi lucha de Adolf Hitler, Neonazis en España: de las audiciones wagnerianas a los skinhead de Xavier Casals (1995) y Descenso a los Fascismos de Mariano Sánchez Soler (1998). Junto a esta información presenta algunos documentos visuales de interés para la mejor comprensión como ID Identification que narra la historia de un policía británico que tras infiltrarse en un grupo de hooligans queda convertido y captado hasta llegar a ser uno de los skinhead más violentos o las películas El nacimiento de una nación de D.W. Griffith o The Wall que son películas que inspiran al nacimiento de los grupos neonazis españoles adoptando las simbologías e ideologías que en ellas se presentan.

Antonio Salas describe minuciosamente cómo va percibiendo a cada uno de los “compañeros” que durante este año ha conocido. Por ejemplo, Waffen, joven ultrasur nada tiene que ver con la imagen estereotipara de los skinhead de escasos recursos económicos y bajo nivel cultural. Reside en una de las mejores zonas de Madrid y posee elevados recursos económicos. Los Viking Llobregat se definen a sí mismos como personas normales con tan sólo una diferencia: el amor hacia su tierra, su cultura, su familia y la defensa a ultranza de la clase obrera oprimida, una serie de valores que defiende el nacionalismo.

Relata una de sus experiencias más impactantes del siguiente modo:

“...sentí vértigo al experimentar por primera vez el poder del miedo... de pronto me di cuenta de que una especie de aura invisible nos abría paso, a avanzar en medio de la masa humana que habitualmente desborda una céntrica calle madrileña. Era como si una energía especial, una fuerza irresistible manase de nuestro grupo, haciendo que toda la gente se apartase a nuestro paso. Agachaban la cabeza, apartaban la mirada, algunos incluso cambiaban de acera para evitar cruzarse en nuestro camino. Nuestros cráneos rapados, nuestras cazadoras bomber, nuestras botas militares... todo nuestro aspecto infundía miedo” (Pág. 122)

Antonio Salas, tras vivir esta situación, empieza a comprender por qué cualquier adolescente que haya crecido en una barriada (marginal o acomodada) y que haya sufrido cierta falta de comunicación familiar o incomprensión por parte de amigos, familia, compañeros, etc., es decir, un joven que se haya sentido solo, humillado o desintegrado socialmente, encuentra entre los cabezas rapadas la familia, la manada en la que sentirse a salvo. Describe cómo la situación que se creaba en aquel grupo hacía perder la individualidad, la personalidad, para convertirse en partes de un ente colectivo superior: “Un monstruo violento, temido y feroz que nos otorgaba un poder, un protagonismo que éramos incapaces de lograr por nosotros mismos.” (Pág. 123).

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