Cuentos de la Ciencia: (1) El cuento de Mario Bunge


En el libro del Dr. Mario Bunge, "La investigación científica", comienza con este cuento:
Los cinco Sabios del Reino de *, de vuelta de una larga estancia en la Republica de **, se estaban quietos y temerosos ante su soberana la Reina: estaban informado a la Reina acerca de la Cosa Rara que existe en aquella república.
"Dinos, o sabio Prótos, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?", preguntó la Reina al sabio más anciano.
"La Cosa Rara a la que llaman Ciencia, oh Majestad, puede registrar y comprimir todos los hechos. En realidad, la Ciencia es un enorme Registro." Así hablo Prótos.
"¡Que le corten la cabeza!", gritó la Reina roja de ira. "¿Cómo podemos creer que la Cosa Rara es una máquina sin pensamiento, cuando hasta Nos tenemos ideas?" Tras de lo cual se dirigio a Deúteros, el más viejo de los sabios que quedaban.
"Dinos, oh sabio Deúteros, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?"
"La Cosa Rara, Majestad, no es un registrador pasivo, sino un atareado molino de información: absorve toneladas de datos en bruto y los elabora y presenta en orden. Mi decisión es que la Ciencia es un enorme Calculador". Así hablo Deúteros.
"¡Que le corten la cabeza!", gritó la Reina verde de ira. "¿Cómo podemos creer que la Cosa Rara es un autómata si hasta Nos tenemos caprichos y flaquezas?". Tras de lo cual se dirigió a Trítos, el de media edad.
"Dinos, o sabio Trítos, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?
"No hay tal Cosa Rara, Majestad. La ciencia es un Juego esotérico. Los que lo juegan establecen sus reglas, y las cambian de vez en cuando de un modo misterioso. Nadie saben a qué juegan ni con que fin. Admitamos pues, que la Ciencia, como el lenguaje, es un Juego." Así habló Trítos.
"¡Qué le corten la cabeza!", gritó la Reina amarilla de ira. "¿Cómo podemos creer que la Cosa Rara no se toma las cosas en serio, cuando hasta Nos somos capaces de hacerlo?"
Tras de lo cual se dirigió a Tétartos, sabio maduro.
"Dinos, oh sabio Tétartos, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?"
"La Cosa Rara, oh Majestad, es un hombre que medita y ayuna. Tiene visiones, intenta probar que son erradas y no se enorgullece cuando no lo consigue. Yo creo que la Ciencia -y reto a todos a que me refuten- es un Visionario Flagelante." Así habló Tétartos.
"¡Qué le corten la cabeza!" gritó la Reina roja de ira. "Esta informe es más sutil que los otros, pero ¿cómo podemos creer que la Cosa Rara no se preocupa de justificación ni gratificación cuando hasta Nos podemos hacerlo?"
Tras de lo cual se dirigió a Pentós, el joven sabio.
Pero Pentós, temiendo por su vida, había huido ya. Huyó sin parar durante días y noches, hasta que cruzó la frontera del Reino de * y llegó a mi oficina, en la que ha estado trabajando desde entonces. Pentós ha terminado de escribir su voluminoso Informe sobre la Cosa Rara, su Anatomía, su Fisiología y su Comportamiento, que yo he traducido al inglés. Aún acosado por sus dolorosos recuerdos de las rudas costumbres vigentes en el Reino de *, Pentós desea permancer en el anonimato. Teme acaso, con razón, que esta exposición de la Cosa Rara será poco gustada, puesto que la gente prefiere sencillos credos en blanco y negro en los que pueda creer con certeza. La impresión de Pentós sobre la Cosa Rara es, en efecto, mucho más complicada que los modelos de Registro, el Calculador, el Juego o el Visionario Flagelante, aunque reconoce su deuda para con sus cuatro desgraciados y difuntos colegas.
Todo eso explicará la lector por qué el quinto informe acerca de la Cosa Rara aparece con un titulo distinto y bajo otro nombre de autor. Esperemos que este expediente salve a Pentós de la ira de los celosos seguidores de credos sencillos[1]
Nota añadida en pruebas. Los cuatro Sabios del Reino* siguen vivos. Prótos y Deúteros sobrevivieron porque el verdugo no encontró en ellos cabeza que cortar. Tritos porque tras la ejecución consiguió que le creciera un nuevo craneo por convención. Tétartos, porque se inventó un cerebro nuevo en cuanto le refutaron el que tenía.



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